pasar del todos a cada uno

Pasar de todos a cada uno

Todos los años comenzamos un nuevo curso académico, diocesano, parroquial, político…

Todos los inviernos pasamos frio y los veranos calor. Es lo normal, siempre pasa, no nos sorprende.

Todos los años, llegado el ocho de diciembre, aunque no sea domingo, se llenan nuestros templos y se adornan nuestras casas con belenes.

Todos los años, cuando llega diciembre, empezamos a probar nuevas comidas a las que hay que ‘coger el punto’ para que salgan perfectas.

Todos los años, en Nochebuena nos juntamos a cenar con la familia y después vamos a Misa.

Todos los años… todos los años parece que se repite lo mismo y es verdad, se repite, pero se repite en el mejor sentido. Jesús, año tras año quiere nacer en nuestro corazón. Año tras año nos da la oportunidad de dejarle nacer en nosotros.

En noviembre tuve la suerte de asistir al Congreso Nacional de Pastoral Juvenil que convocó la Conferencia Episcopal Española en Valencia. Fueron tres días intensos de formación y convivencia.

Mons. Carlos Osoro, Arzobispo de Valencia, ofreció una espléndida ponencia sobre el ‘Primer Anuncio’. En ella destacó que, en nuestro tiempos, es necesario anunciar el amor de Cristo a «quienes no conocen a Jesucristo o quienes se alejaron de Él o quienes viven una fe sin fuerza o simplemente para cumplir».

Los primeros párrafos de este texto comienzan con un ‘todos los años’, no es falta de imaginación. Si esta publicación ha llegado a tus manos y te has molestado en abrirla, algo es seguro, Cristo te interesa. Seguramente recibieses hace años el Bautismo, la Primera Comunión. Puede que seas incluso ‘de Misa diaria’, tal vez catequista, a lo mejor sacerdote o religiosa. Y sí, también es para ti este ‘Primer Anuncio’. Es para ti, para mí, y para el vecino de enfrente. Ninguno estamos libres de convertir la fe en una rutina y vaciarla de sentido. Tenemos que cambiar ese ‘todos los años’ por un ‘cada año’.

Todos necesitamos escuchar de nuevo el ‘Kerigma’ que nos dice: Cristo ha dado la vida por ti. Se ha entregado por el perdón de tus pecados. Sabernos amados por Él es lo que llena de sentido todo lo demás y nos permite vivir y celebrar la fe.

Y eso hicimos en Valencia. Recibimos esa Buena Noticia de Cristo y fuimos enviados por las calles en la noche valenciana a anunciarlo a los jóvenes.

En muchos de ellos surgió el deseo de acudir a la Iglesia, donde se encontraron con el Señor que los esperaba sobre el altar. Tuvieron la oportunidad de estar con Él, sentirlo cerca, orar, confesar, descansar en Cristo, llorar por la alegría de su encuentro.

En Navidad, Dios mismo viene a nosotros, para nacer de nuevo en nuestro corazón, para descubrirnos, como hizo a tantos jóvenes que aquella noche deambulaban por Valencia, que está con nosotros.

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