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“Vuestro Corazón es de Cristo”

El Cardenal Stanislaw Rylko, presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, ha clausurado el Primer Congreso de Pastoral Juvenil que, en la ciudad de Valencia, daba comienzo el pasado jueves 1 de noviembre. Dirigido a formadores de jóvenes. Bajo el lema “También vosotros daréis testimonio” (Jn 15,26-27), ha abordado la Nueva Evangelización desde las necesidades de los jóvenes.

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La Conferencia Episcopal Española (CEE), ha convocado este congreso con la finalidad de “recoger los frutos de” de la Jornada Mundial de la Juventud, que tuvo lugar en Madrid el pasado año 2011.

Conjugando la oración con la formación, ha contado con las ponencias de Mons. D. Carlos Osoro, Arzobispo de Valencia y Presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar de la CEE, titulada “Para ti la vida es Cristo: El primer anuncio”; Mons. D. José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián y responsable del Departamento de Pastoral de Juventud de la CEE, habló de “La Evangelización de los jóvenes ante la ‘emergencia afectiva”. Por último, el Cardenal Rylko escogió para su intervención el lema: “La pastoral de los jóvenes ante la emergencia educativa hodierna: el magisterio de Benedicto XVI”.

Mons. Osoro ha recordado la importancia del Primer Anuncio o Kerigma, de presentar a Cristo “a quienes no conocen a Jesucristo, también a quienes un día lo conocieron pero se alejaron de él” como “una persona viva […] que sana y cura”. La catequesis – ha dicho el prelado – “ésta siempre presente en la vida de la Iglesia en todos los lugares”. Se trata de dos metodologías distintas: el “primer anuncio” y el crecimiento en la fe, ambas “necesarias para la evangelización”.

El Obispo de San Sebastián se detuvo en las heridas del joven de hoy: el Narcisismo que, bajo una falsa autoestima, esconde “el autodesprecio”. Para superarlo y alcanzar un “amor generoso“. Propone conocer a aquellos que sufren. La segunda herida, el “pansexualismo o hipererotismo ambiental que invade” el entorno y facilita “las adicciones y conductas compulsivas” desintegra la afectividad llevando a “un divorcio entre sexo y procreación, amor y matrimonio, sexo y amor”. Es necesario rescatar la virtud de la castidad y la educación en la belleza para sanar esta herida. Finalmente, habló de la desconfianza, generada, por las rupturas y la inestabilidad familiar. Para curar la desconfianza es crucial experimentar la comunión en el seno de la Iglesia y educar en la confianza– concluyó.

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