Google olvida, pero Internet no perdona

Google olvida, pero Internet no perdona

¿Quién no ha probado a buscar su nombre enGoogle? Ya sea por saber si hay más personas que se llaman como nosotros, o por buscar alguna información en la que pensamos que podemos aparecer o tal vez por simple curiosidad, casi todos lo hemos hecho. Si alguien aún no se ha buscado, ¿a qué espera? Uno se lleva muchas sorpresas.

En primer lugar suelen aparecer las cuentas de Twitter, Facebook, Linkedin,… y si tenemos blog o Web personal y hemos sabido ponerla al gusto del navegador, también encabezarán la lista. Lo que allí salga, será lo que hayamos puesto nosotros y, si no somos muy “cafres”, “saldremos bien parados”.

Sin embargo, también pueden aparecer informaciones publicadas por terceros, y estas escapan a nuestro control. Un vídeo de una pregunta que hicimos en aquellas conferencia, o una cita a algo que dijimos.

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Desde una simple multa de tráfico por retrasarse en el pago de la zona azul, hasta la mayor atrocidad que hayamos podido cometer. Hoy en día se puede saber la “cartilla” de cualquiera con solo teclear su nombre en la barra de Google. Con ello podemos encontrarnos sorpresas, algunas gratas y otras desagradables.

Es cierto que si la información es verídica, no debería haber razón para ocultarla, pero ¿a quién le importa si hace cinco años fulanito aparcó en un vado? Y puede que nuestro amigo fulanito no quiera arrastras ese lastre el resto de su vida.

Pero ¿es Google el culpable de que si escribo un nombre en su barra aparezca el historial de la persona? La respuesta es sí y no.

Google olvida, pero Internet no perdona

No, ya que Google no inventa la información, sino que se limita a clasificarla. Se trata de un mero clasificador de datos que otros le han facilitado, y los muestra cuando le son solicitados.Si, pues los robots de la compañía californiana de búsquedas han indexado la información, la han procesado y al teclear determinadas palabras y pulsar “Enter”, la hanmostrado. Además, los algoritmos pseudointeligentes que utiliza, muestran los resultados según la relevancia que han tenido y el historial de búsquedas del usuario. Por tanto, Google da prioridad a lo que, a su “entender” es más relevante – es decir, lo que más se parece a los contenidos que la gente, y concretamente el usuario que está conectado suele buscar-.

Los robots que rastrean la Red en busca de contenidos que indexar se limitan a acceder automáticamente a las páginas, analizarlas y – si en ellas no se indica que son privadas– registrar su contenido en bases de datos. Así, si no queremos que el buscador indexe la información de nuestra página, solo tenemos que introducir nuestro servidor un fichero con el nombre “robots.txt”, en el que – utilizando la sintaxis que Google indica – indiquemos la información de deberá ser ignorada. ¡Y listo!

Google olvida, pero Internet no perdona
Así, cuando alguien busque a nuestro amigo fulanito en la Google – si ha solicitado que se “olvide” su información- no le aparecerá la información sobre la multa que le pusieron.Pese a ello, el pasado lunes 12 de mayo, el Tribunal de Justicia de la Unión Europeadictaba una sentencia en la que reconocía el “derecho al olvido”, obligando a Google a eliminar de sus listas de resultados informaciones lesivas cuando le sea solicitadodictaba una sentencia en la que reconocía el “derecho al olvido”, obligando a Google a eliminar de sus listas de resultados informaciones lesivas cuando le sea solicitado.

Pero la información seguirá en el boletín oficial correspondiente y su buscador mostrará la información y el resto de buscadores que no posean filiar en la Unión Europea podrán indexarlo libremente.

Google olvida, pero Internet no perdona
¿Qué pasa si, por ejemplo, un político corrupto, quiere lavar su imagen haciendo que el mayor archivo del mundo “olvide” su pasado? ¿No tendrá la gente derecho a conocer (o recordar) lo que en otro tiempo hizo quién les quiere gobernar? ¿Y si un médico tiene un largo historial de flagrantes negligencias? ¿No tendrán derecho sus pacientes a conocerlo antes de ponerse en sus manos?Sin duda se trata de un avance en la custodia de la intimidad de los ciudadanos europeos, pero  a costa de “matar” al mensajero, dejando impune a la fuente de le que él beber.

Por eso me pregunto si se puede establecer un límite universal entre el derecho a la intimidad y el derecho a la información. Y si no será mejor que cada cual actúe en conciencia y si alguien se siente atacado, sea un juez quién valore las medidas a tomar en cada caso concreto.

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