Crónica de la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II

La alegría, la fe y la comunión que a ellos les habría gustado

Crónica de la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II

Desde San Pedro hasta Francisco hemos tenidos 266 Papas. Muchos de ellos ya en los altares. El pasado mes de abril eran canonizados Juan XXIII y Juan Pablo II. Dos Papas que modernizaron la forma en que la Iglesia anuncia el Evangelio y marcaron la vida de muchos de nosotros.

San Juan XXIII, el Papa que inauguró el Concilio marcó a quienes hoy tienen entre 60 y 90 años. San Juan Pablo II hizo a los jóvenes sentirse parte de la Iglesia.

Tal vez por ello más de tres millones de personas hicimos que la Plaza de San Pedro se quedase nuevamente pequeña. Católicos de todo el mundo viajamos a Roma para asistir a la canonización de dos Papas muy cercanos en el tiempo, en su mensaje y también en sus formas.

El ambiente festivo se unía al de oración. Canciones de las Jornadas Mundiales de la Juventud, corros bailando al son de cánticos bíblicos, adoración eucarística, oración de Taizé,… todos los estilos y carismas estaban recogidos ese fin de semana en la Ciudad Eterna. Se sentía la diversidad de la Iglesia, donde tienen cabida todas las razas, culturas y carismas. Todos diferentes, pero unidos por nuestra fe en Jesucristo entorno al Vicario de Cristo.

Sin ánimo de dividir a los asistentes tengo que destacar la gran presencia de polacos, para quienes San Juan Pablo II es un héroe nacional que luchó contra la opresión que sufrían.

Cada grupo de peregrinos llegaba con una historia personal propia y con unas motivaciones diferentes.

Canonización de los Papas San Juan Pablo II y San Juan XXIII

Me gustaría dedicar unas líneas un grupo de jóvenes valencianos que hacían una “peregrinación de la providencia”, es decir, sin llevar comida ni dinero. Tampoco tenían alojamiento contratado. Lo único que portaban consigo era fe y guitarras. Recorrían las calles de Roma cantando y evangelizando, anunciando el amor de Dios. Para comer, pedían alimentos que después compartían con el resto del grupo, en ningún momento aceptaban dinero.

Algunos de los participantes recordaban emocionados cómo el primer día, festivo en Italia, se acercaron a un matrimonio para pedirles algo que comer. Al ofrecerles dinero les dijeron que no podían aceptarlo. Entonces, el hombre llamó a su hija, que tenía una tienda, la abrió para ellos y les dio lo que necesitaban para pasar el día.

Este ejemplo de confianza, como tantos otros, nos recuerdan las palabras con que San Juan Pablo II inició su pontificado: “No tengáis miedo, Abrid las puertas a Cristo”. Y nos llevan a esas otras de Santa Teresa: “solo Dios basta”.
Canonización de los Papas Juna Pablo II y Juan XXIII

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