Papa Francisco: Debemos juzgar situaciones de pecado, no a las personas

Papa Francisco: Debemos juzgar situaciones de pecado, no a las personas

Es difícil determinar todas las circunstancias que hay tras una decisión o comportamiento humano. Diversas corrientes filosóficas y psicológicas han intentado dar respuesta y -en parte- lo han hecho. Sin embargo, la mayoría de ellas continúan teniendo repercusión. ¿Por qué? Tal vez porque cada una de ellas tenga una parte de razón, algún elemento de verdad. Entonces ¿por qué tantas? Cabe suponer que porque también tienen límites y ninguna es suficiente por sí misma, o bien porque llamen a lo mismo de diferente manera. No lo sé.

La existencia de tantos factores hace que sea muy difícil -incluso imposible- valorar todos los aspectos que han llevado a una persona a actuar de una determinada manera. ¿Qué grado de conocimiento tenía sobre lo que hacía? ¿Era plenamente consciente? ¿Estaba coaccionado?

Sin embargo, los hechos son objetivos. Si se reprende injustamente a una persona, objetivamente se está obrando mal, pero no será igual quien lo hace sabiendo que es injusto que quien erróneamente convencido de la veracidad de lo que dice, intenta ayudar a la otra persona a cambiar.

El Papa Francisco lo recordaba en su Mensaje para la L Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales:

“Nosotros podemos y debemos juzgar situaciones de pecado –violencia, corrupción, explotación, etc.–, pero no podemos juzgar a las personas, porque sólo Dios puede leer en profundidad sus corazones”.

Estas palabras del Santo Padre cobran especial importancia en un tiempo en que se aplica la segunda receta a la primera frase y a la segunda frase la primera receta.

Hoy en día se juega a ser Dios, aprobando cualquier situación y juzgando a cada persona.

Negar la maldad del mal no lo anula, sino que lo acrecienta por la mentira y la confusión que genera. Hace más difícil salir de ella a quien se encuentra en esa situación, pues ¿para qué pedir ayuda si no hay nada malo? Si está bien ¿qué hay que cambiar?

Llamar a las cosas por su nombre y juzgar las situaciones son dos maneras de vivir las Obras de Misericordia de “enseñar al que no sabe”, “dar consejo al que lo necesita” y “corregir al que se equivoca”. Eso sí, requieren formación, oración, discernimiento y auténtico deseo de ayudar al otro, siempre desde la humildad de saberse pecadores. Aunque las piedras con las que tropecemos sean otras, no dejan de ser piedras.

Estas oportunas palabras del Papa nos recuerdan que no debemos tener miedo a llamar a las cosas por su nombre. Cuando algo es pecado, digámoslo sin complejo, pero respetando a las personas que por sus circunstancias, por maldad o por una mezcla de ambas -no nos corresponde juzgarlo- han llegado a esas situaciones.

Papa Francisco: Debemos juzgar situaciones de pecado, no a las personas

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