Cuando caminamos o esquiamos por una ladera nevada -sobre manto nivoso- solemos percibir la nieve como una superficie uniforme: blanca, continua y, en apariencia, estable.
Sin embargo, esa capa que pisamos es solo la parte visible de una estructura mucho más compleja. Bajo nuestros pies puede haber capas muy distintas entre sí, con comportamientos completamente diferentes.
Entender esto es clave para comprender por qué se producen muchos aludes.
El manto nivoso se forma por la acumulación sucesiva de nevadas, cada una con características propias: temperatura, tipo de copo, humedad, viento…
Con el paso del tiempo, esas capas evolucionan, se transforman y reaccionan a las condiciones meteorológicas.
El resultado es una especie de milhojas de nieve, donde no todas las capas se llevan bien entre sí.

De forma muy simplificada, podemos imaginar dos tipos de capas:
El problema aparece cuando una capa cohesionada descansa sobre una capa débil. En ese caso, basta una pequeña sobrecarga —una persona, un giro, una traza— para que la capa inferior colapse y la superior se deslice.
Este es el mecanismo típico de los aludes de placa, responsables de la mayoría de los accidentes graves.
El viento no solo enfría. También transporta nieve y la deposita donde menos lo esperamos.
Muchas veces, la ladera más peligrosa no es la que ha recibido más nieve, sino la que ha recibido nieve transportada por el viento.
La temperatura es otro factor decisivo:
Lo importante no es solo la temperatura del día, sino la evolución térmica de los días y semanas anteriores.

Uno de los mayores peligros en montaña invernal es confiar en las sensaciones:
Pero la estabilidad del manto nivoso no siempre se manifiesta en superficie. Muchas capas débiles están ocultas, silenciosas, esperando una sobrecarga concreta en el punto adecuado.
Por eso, la ausencia de señales visibles no equivale a ausencia de riesgo.
El manto nivoso no es algo fijo. Cambia:
Una ladera que ayer era razonablemente estable puede no serlo hoy. Y una decisión acertada en un momento concreto puede dejar de serlo horas después.
Comprender el manto nivoso es aceptar una realidad incómoda: No siempre podemos “ver” el peligro, aunque esté ahí. Eso nos obliga a apoyarnos menos en la intuición y más en la información, la prudencia y la toma de decisiones conservadoras.
Etiquetas: Alud, Nieve, seguridad, Seguridad en montaña
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