El manto nivoso: Lo que no se ve bajo nuestros pies - José Luis N. Quijada

El manto nivoso: Lo que no se ve bajo nuestros pies

🗓️enero 8, 2026 |

Cuando caminamos o esquiamos por una ladera nevada -sobre manto nivoso- solemos percibir la nieve como una superficie uniforme: blanca, continua y, en apariencia, estable.

Sin embargo, esa capa que pisamos es solo la parte visible de una estructura mucho más compleja. Bajo nuestros pies puede haber capas muy distintas entre sí, con comportamientos completamente diferentes.

Entender esto es clave para comprender por qué se producen muchos aludes.


La nieve no es un bloque homogéneo

El manto nivoso se forma por la acumulación sucesiva de nevadas, cada una con características propias: temperatura, tipo de copo, humedad, viento…

Con el paso del tiempo, esas capas evolucionan, se transforman y reaccionan a las condiciones meteorológicas.

El resultado es una especie de milhojas de nieve, donde no todas las capas se llevan bien entre sí.


Capas fuertes y capas débiles

De forma muy simplificada, podemos imaginar dos tipos de capas:

  • Capas cohesionadas: Más compactas. Tienden a comportarse como un bloque
  • Capas débiles: Formadas por nieve poco cohesionada o con estructuras frágiles

El problema aparece cuando una capa cohesionada descansa sobre una capa débil. En ese caso, basta una pequeña sobrecarga —una persona, un giro, una traza— para que la capa inferior colapse y la superior se deslice.

Este es el mecanismo típico de los aludes de placa, responsables de la mayoría de los accidentes graves.


El papel del viento: El gran arquitecto del manto nivoso

El viento no solo enfría. También transporta nieve y la deposita donde menos lo esperamos.

  • Zonas a sotavento suelen acumular placas de viento.
  • Las placas pueden parecer firmes y “buenas” para progresar.
  • A menudo se apoyan sobre capas débiles preexistentes.

Muchas veces, la ladera más peligrosa no es la que ha recibido más nieve, sino la que ha recibido nieve transportada por el viento.


Temperatura y transformación de la nieve

La temperatura es otro factor decisivo:

  • Los ciclos de fusión y rehielo crean costras duras.
  • Los periodos prolongados de frío pueden favorecer la formación de capas débiles persistentes.
  • Las subidas bruscas de temperatura aumentan la inestabilidad.

Lo importante no es solo la temperatura del día, sino la evolución térmica de los días y semanas anteriores.


Por qué no basta con “verlo bien”

Uno de los mayores peligros en montaña invernal es confiar en las sensaciones:

  • La nieve parece dura.
  • No hay señales evidentes.
  • Ya ha pasado gente antes.

Pero la estabilidad del manto nivoso no siempre se manifiesta en superficie. Muchas capas débiles están ocultas, silenciosas, esperando una sobrecarga concreta en el punto adecuado.

Por eso, la ausencia de señales visibles no equivale a ausencia de riesgo.


Una estructura que cambia constantemente

El manto nivoso no es algo fijo. Cambia:

  • Con cada nevada.
  • Con cada racha de viento.
  • Con cada subida o bajada de temperatura.

Una ladera que ayer era razonablemente estable puede no serlo hoy. Y una decisión acertada en un momento concreto puede dejar de serlo horas después.


Para terminar

Comprender el manto nivoso es aceptar una realidad incómoda: No siempre podemos “ver” el peligro, aunque esté ahí. Eso nos obliga a apoyarnos menos en la intuición y más en la información, la prudencia y la toma de decisiones conservadoras.

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